Narciso.

Él vive en la calle Eladio Perlado de Burgos. Tiene dos hijos, la mayor de 14, el pequeño de 11. Los tiene porque era lo que había que hacer, no porque dedicase ni un minuto a analizar las obligaciones no económicas derivadas de la procreación. Su esposa era y es consentidora con lo de los hijos y en todo lo demás, sus padres la prepararon para atender, cuidar y dedicarse a las tareas propias de su feminidad. Ella es feliz, a la manera que la enseñaron, satisfecha de gestionar eficaz, eficiente y alegre, lo que a ella le corresponde. Narciso no es un mal tipo, ausente de padre, su madre le enseñó modales y respeto, también  varonil autoridad, le instruyó para identificar su cartilla de derechos y obligaciones familiares y hogareñas. Respondiendo a una adecuada crianza ha logrado una buena nómina, con su cuadrilla de amigos regular práctica habitualmente tardes de vinos, ayuda a poner la mesa, a transportar las compras, reparar las averías y ser contraste en los asuntos domésticos, conduce un fantástico vehículo de alma gama, es del Real Madrid, defensor de las buenas costumbres, amante de la gastronomía. Narciso no es un mal tipo, y han construido una familia estable, de ritmos y formas tranquilas, como tiene que ser.

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Somos gordos y gordas.

Después de muchas conversaciones telefónicas y por whatsapp, y de enviarnos correos-electrónicos, y de acordar una fecha, no sin dificultad, nos encontramos en el hotel Ozoe de Burgos, el de la calle Vitoria, el 16 de setiembre de este mismo año. Fuimos 17, pero seremos más. Nos habíamos ido encontrando en las redes, inquietos, revueltos, tensos en ocasiones, por esas cosas que a las personas que nos sobra mucho, mucho peso, bastantes kilos,  nos ocupan, nos preocupan, nos chirrían y aturden, también nos enfadan, molestan, limitan, amargan  la vida. Nos convocaba un nuevo intento, y ahora queríamos hacerlo juntos, ayudándonos los unos a los otros. Nos habíamos planteado retarnos de manera colectiva, para esta vez si, esta vez si, intentarlo, avanzar, lograrlo y mantenerlo. Nos habíamos dicho que juntos, enredados, afectados por la misma causa dolida sería posible, bailando en común los momentos de caída, de sobresaltos, de vaivenes, tempestades, recaidas y zozobras. A las 18, del 16 en el 17, los 17 nos tomamos la palabra: “Este es el momento, desde ahora. Vamos a liberarnos definitivamente de esta adicción tóxica. No será fácíl,  pero vamos a empeñarnos en ello. Estaremos disponibles para ayudarnos y lo lograremos”. El resto de las horas de esos dos días las gastamos en conocernos, y conocer Burgos, con muchos detalles. El domingo por la tarde nos fuimos marchando a nuestros lugares de partida, conectados, solidarios en la misión, con deberes para cada uno, y la agenda de trabajo, la de nuestro nuevo colectivo de autoayuda para gordos y gordas, aun sin nombre. Lo iremos viendo.

Azalde café.

ABRIL.

Conocí a Abril porque es la madre de un niño que va a la guardería con Ibai, y la semana pasada tomamos un café en el Azalde, el del paseo de la Independencia. Nuestro primer café, diez días después de conocernos. Abril es una chica muy joven, casi una adolescente, madre a los 22, por uno de esos accidentes de la pasión que lo nubla todo porque impone sobre la cordura el vértigo, la velocidad, la aventura, el riesgo, la intensidad, y sobre todo el deseo. Abril y su pareja, hoy no recuerdo su nombre, viven muy cerca de nosotros, y según parece, por lo que me ha contado en nuestras tres conversaciones, les va bien. Abril es muy de contarlo todo, y de entrar en detalles, a mi juicio con dificultad para manejar algunas intimidades con discreción. Abril es muy de preguntarlo todo, y de querer saber sin miramientos, ajena a la conveniencia y lo acertado de su curiosidad no encubierta. “Estefanía, ¿Quién es mejor amante, Rai o Fausto?” me preguntó. Yo que no soy dada a las sorpresas me sorprendí, y aunque tengo clara la respuesta, me escapé por un lateral. “Abril, cada uno tiene sus singularidades”. Reconozco que no estoy preparada para tanta naturalidad espontanea. *Mikel Hirie 12.09.2017 Sigue leyendo “Azalde café.”

Nelua.

ÉL Y ELLA SON TONTOS.

Él es tonto, tonto del culo y hasta las extremidades. Tan tonto que es un ególatra. Idiota también. Uno de esos tontos con los que coincides en el autobús, el café, el metro, la cola del cine, el supermercado, la peluquería, la frutería o el hotel. Honorio es tonto, un ejemplar único de exhibición, exposición, teleconcurso, digno de una investigación detallada que describa las peculiaridades de su identidad. Honorio es uno de esos tontos útiles a si mismo, liberado de escrúpulos y dudas, y él conduce, disimulando, cosechando éxitos por doquier. Y es mi vecino del sexto. Ahora vive con otra tonta, tonta del culo, guapa pero tonta, morena. Lorena es tonta, con curriculum en la estupidez. Dicen que para capacitarse como tontos hay que entrenarse, hacer lecturas y cursos de formación, básica y especializada, y horas de práctica, yo no lo creo, ellos nacen y crecen así, sienten así, huelen así, aprenden así. Dicen que no hay que juzgar, que cada cual libra su propia batalla interior para ser, pero ellos son tontos, guapos y muy jóvenes también, lanzados a triunfar. Honorio conducía el coche como un imbécil, el lunes, con Lorena, a toda velocidad. Las afortunadas circunstancias facilitaron que no atropellaran a Marino en el paso de cebra. Yo lo vi. Desde el Urgos café.  *Mikel Hirie 10.09.2017

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Aburu café.

SEROTONINA.

Y después nos asomamos por la ventana del hotel para ver la muralla iluminada porque eran las 4 y 10. Hotel Ozoe, habitación 267, setiembre, día 29 [ …¿Y si tratamos de huir por otros mundos que vi? El tiempo se detendrá entre el cielo y el mar… ] Te dije yo. Nada original, un trocito de canción robado a  los “Varry Brava”, “Entre el cielo y el mar”.  Tu vestías mi camiseta naranja, la que luego te regalé: [ casualidad ].  Tú me respondiste que aceptar esa beca en Berlín era muy importante para tu carrera profesional, y que te abría posibilidades nuevas para acceder a una plaza en el laboratorio de investigación en Massachusetts, que a pesar de tus 23 tenías ya un curriculum muy competitivo para lograrlo. Y luego me contaste que a las doce salía tu vuelo para Paris desde Barajas porque tenias un seminario de especialización durante toda la semana. Los siguientes minutos, antes de volver al colchón, me detallaste tu itinerario anterior, repleto de eventos, de impactos y alcances, de metas, de logros y esfuerzos. La luna bostezaba, yo te escuche con devota atención, entusiasmado por nuestro encuentro casual. Eras preciosa, y ambiciosa. Y cinco horas después nos despedimos a la puerta del hotel, frente al cauce seco del Adaja. Cuando tu coche azul cielo se alejaba, yo cantaba el “Chicas”. De los “Varry Brava”. Sigue leyendo “Aburu café.”

Marino y Casandra.

EL SIETE DE SETIEMBRE.

Tal día como hoy pero en agosto, hace un mes, estábamos en la habitación 645 del hotel Ozoe de Sevilla, hacia calor, y no teníamos nada mejor que hacer que disfrutar de un ocioso día que nos pertenecía en su totalidad. A esta misma hora, es decir las 16, 24, hacíamos la siesta. Cuatro horas mas tarde, manteníamos una intensa conversación en el Llavise café, sobre nuestros planes de futuro, argumentando que algo tendríamos que hacer, porque pasan los meses de nuestra relación y tu sigues viviendo en tu piso de Santander, y yo en Burgos. Pero en esto no nos ponemos de acuerdo porque cada uno de nosotros tenemos nuestra vida laboral resuelta en lugares distantes. A las 20,37, cuando escuchamos a “Los Piratas” cantar aquello de “No te echaré de menos en setiembre”, ya sabíamos que aquello no iba con nosotros. Los mismo que sentimos  cuando a las 20,59 escuchamos a “Mecano” cantar el “7 de setiembre”.  Cuatro horas más tarde, regresamos a las intimidades de hotel, para avalar nuestras percepciones de la tarde, y en efecto aquello era “solvente y sostenible”. Por eso no nos sorprende que los dos, hoy, jueves, siete de setiembre, esperemos con ansias que llegue el viernes, para volver a vernos. En Santander. Sigue leyendo “Marino y Casandra.”

Eulza café.

DUERO.

Lo hacemos. Paseamos junto al Duero las cuatro estaciones del año, también los días de lluvia o de ese calor asfixiante y agotador que nos aturde tanto. Y ninguno de nuestros paseos es idéntico al anterior. A veces cruzamos por el puente de piedra, en otras ocasiones por el puente de hierro, y cada una de las rutas se convierte en un paseo memorable con alguna historia para sumar en la habitación de los recuerdos. El agua nos inspira y nos une, nos agita y nos provoca. Y también lo hacemos, paseamos por los ríos cuando visitamos otros lugares. Lo hicimos por el Ebro en Miranda. Logroño, Tudela. Zaragoza. Por el Guadalquivir en Sevilla, por el Tajo en Toledo, por el Adaja en Ávila y el Miño en Lugo,… Cada una de estas excursiones que practicamos nos prohibimos distraernos con nuestros artilugios digitales porque queremos concentrar las energías en las intensidades del momento. La tarde del día que los asesinos atentaron en Las Ramblas, nosotros paseábamos por el Oñar, en Girona, y la tarde anterior nosotros habíamos estado allí:  en el mercado de la Boquería, en la estatua de Colón, en el café Naruba de la plaza Cataluña,…Y nos quedamos sin palabras cuando vimos y escuchamos lo que estaba ocurriendo. Sigue leyendo “Eulza café.”

Anderu café.

ATÓNITO.

(29 de agosto, 2017) Aquel domingo entramos por la puerta del hotel Ozoe, plaza del Dos de mayo, Madrid, a las tres menos cinco. Habíamos subido en coche desde Santander. Yo trabajé el sábado, también por la tarde, Mauri llevaba ya dos semanas de vacaciones. Aparcamos cerca del hotel, nos registramos, sacamos  nuestras cosas de las maletas, quitamos las colchas, nos duchamos en rápido, y a las cuatro menos algo ya estábamos en la calle, cruzando Malasaña en dirección Gran Vía y Puerta del Sol. Callejeamos, comimos, nos tomamos dos cafés, gastamos, entramos aquí y allí, y a las seis pasamos por el hotel para volver a ducharnos y descansar no mas de veinte minutos. Nos tomamos otro café en el Amalau porque Marino y Casandra nos lo habían recomendado, en esto si coincidimos.  Queríamos volver al centro bajando por Fuencarral, por eso atendiendo a nuestro plano fuimos por la calle San Andrés para subir por la calle de La Palma. Estábamos subiendo cuando vimos caer delante de nosotros, a cincuenta metros, desde aquel balcón, las zapatillas verdes, los pantalones vaqueros y los calcetines verdes, los slip verdes, la mochila negra y la camiseta blanca estampada con las tres fotografías. “¡Cielo, mira!” me grito excitado Mauri. También atónito. Desde otro portal, a nuestra izquierda, se escuchaba cantar a Coque Malla una de las canciones de su último disco. Era “La señal“.  Quisimos imaginar que aquello era el inicio de una pelea y sus consecuencias, pero no. A nuestro alrededor, en la calle, los que estábamos, al menos treinta, todos expectantes sin ninguna explicación. Tan solo un silencio acompañado por las canciones de Coque, desde el portal de la izquierda.  Una pareja colgó las prendas arrojadas, en la persiana, y a una chica le sonó el móvil para que todos escucháramos su conversación: “Estamos en Madrid. En Malasaña. Viendo como una madre acaba de tirárle la ropa al hijo por el balcón de un piso. ¡Tal y como te cuento!” Mauri más atónito, también por esta conversación y sus mentiras. Y Coque cantando “Mi asesina”.   Sigue leyendo “Anderu café.”

Regina.

CARAMBOLA.

Mikel, ¿qué tal? Soy Regina, trabajo en una farmacia de Valladolid, hemos encontrado tu tarjeta bajo la puerta de nuestro dispensario, y has despertado mi curiosidad. Te escribo este correo-e. desde el Vanoa café de la plaza Circular, desde esta terraza abarrotada, ya ves que son las doce y veinte, los coches circulan alrededor, de fondo un tren se dirige a algún lugar y Chayanne canta por el hilo musical “Qué me has hecho”. Mikel, hemos curioseado en tú pagina de historias y nos ha parecido alucinante esa colección de personajes, y he descargado la selección de todas ellas, y después de hojearlas, han despertado más mi curiosidad. Me salen muchas preguntas que hacerte pero de ninguna manera quiero que este correo-e. breve pueda parecerte un interrogatorio. ¿Nos conocemos?, quiero decir, ¿tú y yo somos conocidos? ¿De cosas del trabajo? ¿Del barrio? ¿Del gimnasio? ¿De la asociación? ¿Fuimos compañeros de colegio, de la Universidad? ¿No será esto una broma programada o una prueba para analizar mi reacción? ¿Te llamas Mikel en realidad? Me tienes intrigada, no digo inquieta, espero que no seas uno de unos chalados que abundan camuflando de interesante algún trastorno de majara mental. ¡Ya me dirás! Si no mientes en lo que escribes parece que hay hilos que nos tienen en conexión. ¡Un saludo Mikel! Regina.

Alberto Narue.

Cantaron “Niños mutantes”, “Como yo te amo”, en el Sonorama, y todos cantamos en el festival, con visible excitación sobreactuada. Yo también, allí estaba yo moviendo las manos, y las cuerdas vocales, sin soltarme del todo, por aquello de las vergüenzas, de los ridículos, de los miedos, de las inseguridades, de las desconfianzas…”Yo, te amo con la fuerza de los mares, yo, te amo con el ímpetu del viento, yo,…” Yo quisiera cantarte esta canción a ti, pero tú aun no has querido conocerme. Era viernes, la noche del once de agosto para el sábado. “Nadie te amará, nadie te amará”. No sé que estarás haciendo ahora pero estás desaprovechando la oportunidad de que te cante y te dedique esta canción. Por cierto, me presento, me llamo Alberto, Alberto Narue. Por cierto, pase por tu calle, por uno de esos lugares que frecuentas, y me tomé un café ahí mismo.Te dejé allí una tarjeta con mi cuenta de facebook, con mi página web, con mi teléfono y mi whasapp, para que pudiéramos conocernos, para que pudiéramos seguir en contacto. Yo sigo aquí, como tú, con mis luces y mis sombras, sigo escribiendo, te sigo escribiendo, “tú y yo, tenemos un café pendiente”.