Provocador,estimulante y divertido.

En las reuniones de Isere, del gremio de peluqueras y peluqueros, estilistas, similares, y activistas del peine y las tijeras, de Barakaldo, Itziar tiene la voz cantante. Y no solo por inteligencia, sino por talento, liderazgo, ambición saludable, honestidad, valentía, curiosidad y talante. Y no solo por ser trabajadora y creativa y divertida, sino que además es brillante y generosa y se mueve entre texturas y pretextos promotores. En la pasada reunión del jueves, estuvimos ocho y porque fue denso el debate y con esas aristas de los aburridos temas legales y administrativos, pues llamamos a nuestro gestor, y allí estuvo Unai con su traje impecable de color gris, su camisa blanca y su corbata verde para asesorarnos en la resolución de las cuestiones peliagudas. Unai no tenía buena cara el otro jueves, Gumer, su suegro, el padre de Josune, se les muere, y andan todos revueltos por los desajustes y desarreglos que traen las enfermedades y los dolores. Unai a pesar de la indisposición estuvo correcto, realizando las propuestas adecuadas. Pero, a lo que iba, en la reunión de Isere, del gremio, además de los temas aburridos y quirúrgicos que te he contado, hemos decidido que se nos vea, y por eso, y junto a otros, colectivos, arrancaremos una especie de cuadrilla fiestera, y asín daremos que hablar, y ocuparemos calles y plazas, y será provocador, estimulante y divertido. Estamos buscando el nombre. Itziar, y yo, y nosotros, y nosotras, ya estamos en todo ello. Llámame si te sumas a esto.

Agitado bajos los focos.

Eran las tres de la madrugada del viernes hacia el sábado en el otro Amalau café de Malasaña y pincharon el “Come“de Jain y por eso nos arrancamos a bailar enloquecidamente, rodeados por la multitud. Marino, nos vamos conociendo, no es de esta clase de sujetos desenfrenados, pero las malas compañías y las influencias de los momentos únicos, y las expectativas de un largo fin de semana conmigo, multiplicaron los efectos del alcohol con forma de botellines de cerveza. En el Pepe Botella, a las nueve, Marino me había regalado uno de esos memorables momentos íntimos con confesiones sobre su nuevo ser y estar. El Marino aquel, que ahora frente a mi se deshacía de los complejos, en movimientos rítmicos, inexpertos, algo sobreactuados, me había hecho saber de las fracturas que nuestra relación le estaban provocando. Quería que supiese, lo que yo ya sabia, que conmigo hay un nuevo sentido para interpretarlo todo. Ahora agitado y acalorado bajo los focos, aprovechando el baile para enlazar físicamente conmigo. Maider, la amiga de Marino nos vigilaba, sorprendida al encontrarse con un Marino nuevo. ¡Esto, se veía venir!”, me susurró al oído con una sonrisa complice, pero no la entendí. Eloy flotando en el ambiente. Chechu, y Moisés, esperando su nueva oportunidad. Detrás de la barra, una tal Neus se hacia mirar. Paulino y Federico, esperando cerrar. Tres y cuarto de la madrugada en el otro Amalau café de Malasaña. Y pincharon a Enrique Iglesias, “Duele el corazón”, y Marino, continuó enredado.

La habitación de Casandra.

Hoy voy a contarte de la primera vez. El día que Marino entro en el piso de Casandra en la calle Santa Lucia de Santander era viernes por la noche. Ella fue a buscarle a la estación de autobuses, por la calle Cádiz llegaron a los Jardines de Pereda, los cruzaron, y por la calle Aduana y por la calle Arrabal llegaron hasta la plaza Rio de la Pila, y ya en su calle. Casandra vive cerca del café El sol, un lugar estratégico para ir a todos los lugares que frecuentan: paseo, playa, plazas, jardines y cafés. Las noche que Marino durmió en el piso de Casandra en la calle Santa Lucia de Santander era madrugada de viernes a sábado. La habitación con cama en que estaban, era un almacén de objetos enfrentándose en colores, formas, identidades y tamaños diversos. Una especie de bazar pero sin ventas ni precios, recogiendo las procedencias de días vividos, de inquietudes abiertas, de conexiones con personas, de palabras  amueblando las experimentaciones, de humanos en visitas, visitantes y vistas acogidos en el local de manera accidental, circunstancial, temporal, incluso cíclica. Marino se sintió fuera de lugar en ese universo desordenado, tan desorientado como estaba en la relación con Casandra, imprevista, incierta y veloz. Fuera de lugar, desorientado, pero vivo y feliz. Era su primera vez, también en Santander. Semanas después, al amanecer, ya situado, mientras Casandra continúe durmiendo, Marino saldrá a correr por las calles, unos días por General Dávila subiendo por el paseo Menéndez Pelayo o Francisco Palazuelos, o bajando por la calle Gándara hacia el paseo de Pereda o las playas, o en dirección calle Guevara o Cisneros para volver por Floranes, San Fernando o la Calle Alta.

La abuela de Casandra.

Y fuimos a visitar a la abuela de Casandra porque el Alzhéimer se apoderó de ella y ahora vive en La Residencia. Estaba allí, ausente, sin capacidad para atendernos ni recibirnos. Estábamos allí, yo observándolo todo pero en especial las delicadas maneras con que Casandra atendía a su abuela huida. Y mientras, sentí su ternura en sus palabras, en sus gestos, en su mirar, y yo que soy de poner canciones a los momentos intensos de vida, elegí el “Si tu no vuelves” de Miguel Bose. La misma canción compartida que dediqué a mi abuelo cuando tuvo que marcharse. Y yo que soy de revolverme entre pensamientos para ocultar mis emociones, entendí. Casandra es uno de esos seres con alma, entregadas a las causas sencillas, con rostro, apellidos y nombre, asumiendo la profunda responsabilidad de entregarse a la felicidad honesta de intimidades que dan sentido. Entendí que yo seré la abuela de Casandra y que a mi reloj de vida le restan los minutos que hoy pasan. “No se lo que haré”. Sentados en la mesa del Anderu café, miré a Casandra y a su abuela, observé y entendí de los lazos invisibles que construyen las esencias de la vida,  que son las historias, los amores, los momentos, con afectos y emociones cálidas, en pasados y presentes. Aunque quiera destruirlos el jodido Alzheimer.

Los amigos de Marino.

El sábado que Marino y Casandra estuvieron juntos en Logroño por primera vez, Casandra conoció a casi todos los amigos de su novio recién estrenado. Estuvieron con Idoia y José Pablo y supo de Izan y Zoe, los hijos de ellos. Quedaron para desayunar, en el Loian café de la plaza 1º de Mayo. A las diez, y llegaron todos puntuales, porque Idoia y Marino, amigos desde los tiempos de escuela, comparten esa forma de ser, extraña para José Pablo y Casandra, de gestionar milimétrica, cuadriculadamente, las operaciones de la vida cotidiana, y de ahí sus aficiones por la puntualidad, la planificación, el control y el análisis, por los apuntes en libretas, por la elaboración  de listas, la estructuración ordenada, el manejo de tablas de excel con ingresos y gastos, el registro de los datos importantes, por temáticas , en diferentes cuadernos de colores, la utilización de carpetas y archivadores conteniendo documentos, facturas, notificaciones, contratos, acuerdos, propuestas,…Idoia ya se acomodo a estas rarezas de José Pablo. Casandra en periodo de adaptación crítica a estos “defectos de fabricación” como ella los llama. Y quedaron con Sábino, Elsa, Nuria y Jesús  en el Loian café de la calle Portales, Alejandra, la camarera les atendió. Y estuvieron con Nati en el Loian café de la Avenida de La Paz. Y con Natalia, María, Celia, Raúl y Leire, en otros momentos. También con  los otros. Marino obsesionado por presentar en sociedad a su recién  estrenada novia. Marino empeñado en descubrir a su chica cada uno de los rincones del Logroño donde fue niño, adolescente y joven. Casandra observadora imaginando con las palabras de Marino en cada escenario, las historias que ocurrieron, y las experiencias que le marcaron para ser él. Llegado el domingo por la tarde, finalizando el fin de semana, de regreso a sus lugares de vida diaria, Casandra estaba absolutamente agotada.

Los padres de Marino.

El viernes que Marino y Casandra llegaron al piso de los padres de Marino en Logroño, era el séptimo fin de semana que convivían juntos después de conocerse en Madrid. Esta vez subieron en el coche de Marino, llegaron a las siete y nueve, aparcaron en el garaje familiar de la plaza 1º de Mayo, tomaron el ascensor, y se situaron en la habitación infantil y adolescente abandonada por el protagonista. Con la seguridad de que los padres del señalado no llegarían hasta las nueve de sus respectivos trabajos y era poco probable dispusiesen de intimidad en el hogar las próximas 48 horas, se instalaron en la cama de 1,20 un periodo prolongado y. Cuando los padres de Marino llegaron a la casa, a eso de las 9 y once, ellos tomaban unas cervezas en el Loian de la plaza. Los padres de Marino le enviaron un whatsapp preguntando donde estaba, Marino les respondió, ellos bajaron a encontrarse y conocieron a Casandra. Aunque Marino ya les había hablado de ella, los padres se sorprendieron por su arrojo, la expresividad, y la vitalidad espontanea y friki. Cenaron juntos los cuatro en el Telepizza de la calle Chile. Y luego ya a eso de las once y media, Marino y Casandra se escaparon un rato solos, y a las doce y media quedaron con los amigos de Marino. Regresaron a la habitación del infante, ahora enamorado, a las tres de la mañana. Antes de entregarse al sueño, ya en la cama, Casandra respetuosamente silenciosa y contenida como Marino le había indicado, inspeccionó la habitación, ordenadamente organizada. Seis posters de superhéroes, el título de sicología enmarcado, la colección de “Los cinco”, sobre el escritorio un montón de fotocopias encuadernadas por nueve canutillos metálicos blancos y negros,  y la fotografía de Marino, con esa postura de empollón inmaculado.

La timidez de Marino.

La tarde de domingo que Casandra se subió al autobús en Burgos, con destino Santander, Marino quiso compulsivamente que fuese viernes para volver a encontrarse en Santander con ella. Una semana después de conocerse en Madrid y de hacer un fin de semana juntos con todos los encantamientos propios de las primeras secuencias de un guión nuevo, Marino ansió que la nueva semana corriese veloz para embarcar hacia el lugar al que ahora iba ella. Tres días cortos no dieron para mucho, pero si aseguraron la solidez de esta primera etapa del viaje. Marino bajo a buscarla a la estación de autobuses, vestido con aquella camiseta que provocó su primer encuentro inusual en Madrid. Arrastro su maleta hasta la calle San Pedro y San Felices, subieron al tercero izquierda, y Marino elegantemente la alojó en la habitación de invitados. Salieron por ahí. Volvieron pasadas las doce a la habitación de Marino y se entretuvieron hasta entrada la madrugada. Bajaron a desayunar al Urgós café y subieron a ducharse. Casandra conoció Burgos en su primera vez, en jornadas organizadas de sábado y domingo. Menús gastronómicos incluidos. Me interesa contarte algunos detalles relevantes de los acontecimientos sucedidos. A Casandra le sorprendió la prudencia de Marino. A Marino le sorprendió el arrojo de Casandra. A Casandra le sedujo la timidez de Marino. A Marino le sedujo la expresividad de Casandra. A Casandra López le frena el orden organizado y la rigidez de Marino Pérez. A Marino le frena la locura espontánea y friki  de Casandra. Aquella tarde de domingo fue el 20 de marzo. Esta historia continuara.