64 palabras.

Influenciado por el encuentro con tres canciones.Así se construyo Jorge la mañana. Se las cruzó en tres lugares distantes. En el supermercado, el Dia, calle Floranes: “Depende de ti”, Hombres G. En el Aki t espero café, calle Alta, “Respirar”, Bebe. En el descapotable rojo bajando la calle Menendez Pelayo en dirección Sol, “Canción prohibida”, Pablo López. Son señales, se dijo. En Santander.

Enma, Ibai y Cesar.

Ibai y Enma. Saltaron de la cama porque sonó el radio reloj con tu misma canción. Anunciando un día vacacional de agosto pre-programado. Saltaron a la ducha. Y saltaron para tomar un café en La Pureza, el de la calle Obispo Nieto 22. Estaban en la terraza, acompañados por los pinchos de tortilla.Y allí pronunció una de esas frases para la colección: “Yo soy la que marca la tendencia. Todo el mundo me llama loca, pero luego…”. La misma frase que sabiéndose graciosa repitió tres veces. Saltaron al coche.Origen: Zamora, destino Ávila. Parada en Salamanca, pero no me detendré en los detalles del viaje ni en los intermedios que les llevaron. Sábado y domingo en Ávila. Con César, el hermano de Enma. Llegaron a las doce a la calle Dália, la calle de César. Tocaron el timbre, subieron, dejaron las maletas, se saludaron sin entusiasmo y se situaron en la habitación para las dos noches. Bajaron a la calle, montaron en el coche de César y se llegaron hasta la plaza del Rollo. Café con porras y churros en el Alameda. “¡Vivan los aceites,  las harinas y las patatas!” gritó Enma, aplaudiéndose el culo. Cesar dijo, ¡Vamos! Montaron en el coche y se llegaron hasta el Bucanero. Cervecitas y refrescos con pinchos. “¡Vivan los aceites,  las harinas, las patatas y los embutidos!”gritó Enma, acariciándose el culo. Enma es alegria, Cesar, tristeza.

Las plazas (2).

“Llámame, por favor, llámame”. “Llámame, por favor, llámame”. Coral hizo el recorrido desde la plaza Marcos Fernandez de Parquesol, con esta plegaria. “Llámame, por favor, llámame”. Escuchaba las canciones de Snow Patrol y obsesivamente vigilaba su móvil. De batería, bien. Alta cobertura. “Llámame, por favor, llámame”.Hasta la plaza de las batallas hay un largo viaje a pie, y mas con las expectativas desbordadas. Si tú lees este relato acompañado de las canciones de Snow Patrol comprenderás lo que se siente cuando alguien a quién amas con locura, no llama. Anocheciendo en Valladolid en esta tarde de junio, en frases cortas pero ansiosas, con pensamientos densos,  para un trayecto de mas de una hora, de cinco kilómetros. En la plaza Juan de Austria sonó el teléfono pero era su hermana. “Llámame, por favor, llámame”. En la plaza de España sonó el teléfono pero era su madre. “Llámame, por favor, llámame”. En la plaza San Juan sonó el teléfono pero era su amiga Marta. Llegó a destino. Llego a la plaza de las batallas. Tu también has llorado como lo hizo Coral ese día de junio en la plaza. Rabiosamente en silencio. Abrazando la nada. Lagrimas acompañadas de canciones tristes.  “Open your eyes”. “Chasing cars”. Sonidos rellenando los vacios. Era ya tarde. Coral se escondió tras la careta del fingir. Entró al portal. Cogió el ascensor. Tocó el timbre. Ellos abrieron la puerta. Y sonrió con alegre intensidad teatral.

Ni pa ti ni pa mi.

“Si crees que no te escucho porque esta mañana a las once me he tomado un gelocatil con una Fanta naranja, pues estás en lo cierto”.  “Si piensas que mañana iremos a casa de tus padres porque pusiste la lavadora, hiciste la plancha, ordenaste los cajones del armario del salón, tiraste las bolsas de los reciclajes y cocinaste macarrones a la salsa Dudué, pues te equivocas”. “Si opinas que conduzco como una loca imprudente porque saludo a las personas desconocidas que cruzan los pasos de cebra, pues aun no me conoces de nada”. “Si confundes la velocidad con el tocino y las verduras con las croquetas de pollo porque estas confuso lunes, martes y miércoles, y aclaras tus ideas los jueves, viernes, sábados y domingo, pues a mi plin, plan, plun”. “Si insistés, insistes, insistes, la respuesta es otra vez no”. “Por cierto a la salsa Dudué le faltaba un puntito de ajo, calabacín y manzana”. “Si dices con ese verbo fluyente tuyo que nuestra relación es menos sofisticada y articulada que hace tres, seis, nueve y doce meses, hablalo con tus amigotes cerveceros el próximo jueves, Dios mediante, en el Azale”. “¡Que asco de tortilla fritangosa has hecho hoy”. “¿Qué no te gusta mi disco de Papaya? ¡A mi me encanta!”. “¡Vaaaaamos!”

Fausto y Estefanía.

Nos conocimos en el gimnasio, en esa temporada que vivimos especialmente obsesionados por nuestros cuerpos. El roce de todos los días, de lunes a domingo, los esfuerzos y las maquinas fueron aproximándonos, y provocaron las conversaciones. Las primeras palabras se fueron extendiendo. La noche hace el cariño, y en un viernes sin planes, nos cruzamos al salir del gimnasio,  antes,  sin citas previas, terminé sorprendido en la cama con Estefanía. Con mis zapatillas verdes, mis pantalones vaqueros, los calcetines verdes, los slip verdes, mi camiseta blanca estampada con las tres fotografías y mi mochila negra, abandoné su casa la mañana siguiente. A eso de las ocho. A eso de las seis me llamó por teléfono para quedar a cenar, hacer la noche, y volver a la cama. Hubo un día siguiente, y otro después, y mas noches trajeron nueve años. Cantaba Coque Malla, sumando sus canciones.  Fue el “Dejate llevar”  nuestra banda sonora. Recorriendo el viaje salté a vivir con ella en su piso pequeño, reímos las madrugadas de Madrid por todos los garitos, descubrimos  Paris, Ibiza, Girona y Nueva York, llevamos las maletas, las llenamos de vida, ella, yo y la moto, hasta que tocó ser padres. Ibai trajo dibujos nuevos para ampliarlo todo, rodábamos gigantes, disfrutamos de nuevos, de aquello lo primero. Siguieron cuatro años. Hace ahora cuatro meses, una noche de viernes, su mirada me asusta, me siento y me lo dice. Le había conocido, tenia que marcharse, la vida se le agota, gracias por lo vivido,  lo nuevo es Zaragoza.

En los locales inventados.

He quedado con Mikel Hirie a las once en el Amalau café de la calle Gran Vía de Madrid. Llegamos puntuales los dos. Tengo el encargo de retratarle en 300 palabras para la portada de El interruptor.net Porque ya nos conocemos, hacemos los saludos rápidos, pedimos los cafés, nos sentamos en la mesa junto a la cristalera principal y entramos directos al cuestionario. ¿Y tú de quién eres?, le asalto No quiero acordarme de dónde vengo, ahora juego a juntar palabras y letras construyendo historias que otros son o me contaron, las imagino llaves que abren puertas que me llevarán a otros lugares”. LLavise, Naruba, Eulza, Anderu, Urgos, Gien, Navile, Uora, Amalau, Azale, Loian, Acoru, Vanoa, Nekue, Aburu,…son algunos de tus locales de café inventados ¿Escritor o promotor hostelero? “No me considero escritor, me queda un traje grande, soy constructor, inventor de historias. Y los relatos necesitaban cruzarse y situarse con lugares y canciones. Los cafés son los espacios comunitarios, anónimos y compartidos, para los tránsitos  en estos tiempos líquidos. La banda sonora hace las referencias”. ¿Con quién la tertulia en el Nekue café? “Sin duda, con Eneko y Nerea. Por su intensidad expansiva”. ¿Y en el Azale de Zaragoza? “Con Alberto, por su ambición exótica, lúdica y  divertida”. ¿Eulza de Zamora? Ibai y Enma. Los personajes felices son mis favoritos. Rodeados por las tempestades turbias de los complejos, las rupturas, las perdidas, los abandonos , las expectativas sin resolver”.¿En el Banigu? “Con mi amiga Itziar, la peluquera”. ¿Y en el Anderu de Santander? Jorge. Tengo una deuda pendiente con su felicidad”. ¿Anderu, Santander? “Por la fuerza, por la alegría, por la calle del Sol, por el Sardinero y la Magdalena, con Julio y Naomi”. ¿Aburu de Ávila? “Con Cesar para ayudarle a abrir nuevos caminos. Pero acompañado con Maider Mirek y con Ezequiel Irendia. Para cantarle “Dejate de llevar” de Coque Malla”. ¿A dónde quieres dejarte llevar Mikel? “No puedo descifrártelo todo” ¿Tú canción para tus cuadernos de historias? Hemicraneal de Estopa”.

Madrid me suena triste.

Ellos le cantaron a Madrid las canciones que escucho mentalmente, por la acera entre el portal de mi oficina y las calles que me llevan a mi piso en Malasaña. Ellos me escribieron las palabras que dibujan con sonidos el recorrido desde mi lugar de trabajo,  el viaje hasta el lugar en que vivo ahora desde que nos separamos, y los circuitos circulares de ida y vuelta. “Voy andando sola por la castellana”, me canta Rosa León. Camino hoy por una de mis rutas en zigzag  para unir los dos puntos de referencia , con mis zapatillas verdes, mis pantalones vaqueros, los calcetines verdes, los slip verdes, mi camiseta blanca estampada con las tres fotografías y mi mochila negra. “Madrid amanece”, me canta Hilario Camacho. “Madrid”, nos cantamos en los tiempos acabados, Madrid de Pereza, por Lavapiés y Pinto. “Arde Madrid” de Mikel Erentxun, nos cantamos apasionados en los días que fueron. Madrid fantaseamos e inventamos. Madrid jugueteamos. Madrid correteamos haciendo lo que  fuimos durante nueve años. Ahora tú vives en Zaragoza y te llevaste  a Ibai, con sus coles, sus deberes, los columpios y rabietas, pero te suplique de mil maneras “Quédate en Madrid”, con las mismas palabras y  sentimientos enganchados a las tripas que Mecano cantó. Ahora este Madrid de Sabina me suena triste. ¿Qué hay detrás de los teatrillos, las piruetas y los malabares? La oficina me distrae excepto sábados, domingos, festivos y vacaciones. Tú dices que no quieres vivir con aditivos pero te atiborras a refrescos de cola, embutidos y aplicaciones para móviles. Yo peleo “no es lo mismo con o sin crema, la marca de la leche y el café, con o sin galletita, arrojado o sonreido,…” Yo insisto “no es lo mismo un café con canciones que un café con las noticias del informativo”. Pero para esta tarea de recuperarte, aun no estoy capacitado. ¿Algún detalle mas?