Fabiola.

Conocía a Fabiola porque era la cajera del supermercado de mi barrio y en aquel entonces yo llevaba una vida desordenada, inestable, insensata, bastante aburrida, y tenía por costumbre comprar todos los días en pequeñas cantidades y sin organización alguna. Ella era la mas simpática de todas las cajeras del supermercado Ozoe, ahora son siete , y por aquello de los turnos y de mis horarios irregulares no coincidíamos habitualmente, muy a mi pesar porque las morenas resueltas y divertidas han sido siempre de mi tipo. Me cruce con ella y con Marino un par de ocasiones, a la salida de los cines, la temporada que fueron novios, en aquel proyecto de pareja fracasada que todas las señales anunciaban. Yo en aquel entonces me frecuentaba con Violeta, y a punto estuve de perder el trabajo por la vida frenética que nos construimos aquellos cinco meses, en una mezcla combinada de alcohol, mucho sexo, y algunas drogas. Para mi bien lo nuestro y lo de ellos acabó. Antes de que Fabiola y yo empezaremos a juguetearnos, y a citarnos en el Urgós para las primeras cañas, y a embrutecernos en el sofá de su piso, y a plantearnos aventuras mayores, y a que yo me lanzase a vivir con ella,   ya fantaseaba con sus encantos. Once días después de que Fabiola y yo iniciáramos lo nuestro, comencé a gestionar de manera adulta mis compras del supermercado y el resto de mi vida, para ser merecedor del amor ordenado de mi novia.

Las plazas (6).

Conocí a Samanta y Salomé porque me las presento Charly el jueves, hacía mucho tiempo que insistía para que quedáramos y las conociese. Samanta es doctora en sociología, y consultora internacional en una de esas grandes firmas de éxito, con un brillante curriculum y cinco idiomas, inteligente y guapa, independiente y decidida, inquieta y luchadora, culta, práctica y muy segura de si misma. Una de esas mujeres que de oídas ya capto mi atención porque me alegra rodearme de personas mas brillantes que yo, también mujeres. Charly, ahora lo se, exageró el interés de Samanta para conocerme. “Marti, le he hablado a Samanta de ti, y tiene mucho interés en conocerte”. Quedamos en el Naruba de la plaza, a una hora prudente, las siete. Yo llegué temprano y continué fantaseando, haciendo tres vueltas a la plaza Catalunya, sobre las oportunidades de la cita, sus consecuencias y los planes derivados. Desde que Mariona murió era mi primera cita con intereses románticos, decidido al fin a rehacerme de los dolores que provoca la muerte de una novia a la que amas. El tiempo pasa , y en mayo harán dos años desde que la obligaron a marcharse, y es sensata la insistencia de todos, “Marti, vuelve a las otras vidas”.  Era jueves, y allí estaba en la barra del Naruba, esperándoles porque llegaban juntos. Puntuales llegaron. Nos sentamos en la mesa del fondo para favorecer nuestra conversación. La escuché aquellas tres horas y deje de admirarla. ¡Estupida engreída! Eran las 10 y “Las odio” sonaban en el hilo musical, “Indie español”.

Tratamientos de superficie.

El lunes me despertaste con la banda sonora de “La buena estrella” y me acariciaste sin tocarme. El martes lo hiciste con “El club de los poetas muertos”. El miércoles, “La normas de la casa de la sidra”. El jueves, “El piano”. Viernes, “Caos Calmo”. Para el sábado “Slumdog Millionaire”. Y el domingo “Carros de fuego”. Así da gusto abrir el día nos hemos dicho, resultando empalagosos ante los ojos de observadores ajenos, pero también hemos llorado juntos. Quizás no debimos entretenernos la tarde del martes con las películas de Nanni Moretti porque nos entristecimos en exceso con “La habitación del hijo”. El martes que tuvimos que elegir entre tarde de sexo o cine. Elegimos cine. Quizás no debimos querernos tanto, quizás debimos evitar hacernos frágiles ante futuros inciertos, quizás nos convendría recorrernos de puntillas, quedarnos para habitar la superficie inmaculada, indolora, anestesiable. Pero no lo hicimos. Estos días de vacaciones juntos eran mas que ocio, entretenimientos, distracciones, ocupaciones, rellenos divertidos de agenda, fugas del aburrimiento, quehaceres, planes para días sin trabajo, activaciones de la tarjeta VISA, descubrir de lugares, menús gastronómicos recomendados, transacciones, tránsitos coloreados entre los días que ya fueron y los que serán.Estos días de vacaciones juntos eran para Casandra y para mi, parte del viaje de vida interior que estamos construyendo.

Arrate.

Bajamos del coche en cuanto acabó de sonar “Perdiendo el Norte” de Valdés, atraídos por la arena, las olas, la luna, los flujos provocados por la noche. Comenzamos a correr escaleras hacia la playa y no paramos de bajar enloquecidos hasta que la alcanzamos. Nos fuimos descalzando por los escalones, fuimos arrojando zapatillas y calcetines al aire y corríamos, tan rápido como las huellas del cansancio y las cervezas nos permitían. Te agarre para frenarte y adelantarte por la izquierda en nuestra huida veloz hacia el agua. Me empujaste jugueteando, te cruzaste y fuiste mi obstáculo para aventajarme y ser la primera. Tuvimos que pararnos para quitarnos frenéticos los pantalones, y quedaron allí. Unos metros mas abajo lanzamos al aire nuestras camisetas para quedarnos en ropa interior, a pesar del frio de mayo. Seguimos corriendo y tocamos la arena para seguir, jadeando, aproximándonos al mar. Estaba oscuro. Mojamos sobre el suelo las únicas prendas que nos quedaban y entramos al agua desnudos porque era sábado recién comenzado. Nos salpicamos con agua fría y la sal entró en mis ojos y nos sumergimos buscando las algas del fondo que dormían, pretendimos cazar peces pero hacían vacaciones y a lo lejos las luces del pueblo mas cercano no molestaban. Oiamos cantar aun “Perdiendo el Norte” y entonces Arrate te paraste para recitarme… “Yo fui una niña mujer y ahora soy una mujer niña. Cuando debía jugar a las muñecas ya sostenía niños de verdad en brazos y me perdí el asombro de descubrir que la vida es un infinito modo de caminar (1)”.

(1) Poema de Begoña Abad.

Sobre gustos no hay nada escrito.

El viernes 10 de febrero Casandra cogió el autobús a las 15,30 en Santander para llegar a las 18 a Burgos. Marino en la estación, esperándola para arrancar su viaje juntos. Eran las nueve del viernes y el coche con Marino y Casandra llegando a Salamanca. Eran las once y cruzaban la plaza Mayor. Eran las once y cuarto cuando aparecieron Satur y Maya. Eran las once y 30 y conversaban en el Ozoe café de la plaza sobre tipos, prototipos, arquetipos, estereotipos y genotipos, conceptualizando sobre la diferencia entre el Kas y la Fanta de Naranja, descartando la Schweppes y las otras bebidas edulcoradas similares, identificando las cualidades de Coca-Colas, Pepsis, Light y Zero, determinando las peculiaridades de los zumos, las salsas de tomate, mahonesas, geles y champús. Para complejizar las analíticas, las personalizaron y entraron en detalles concretizando sobre  origen y causas de los gustos y disgustos, los usos, las costumbres, las elecciones, las opciones, preferencias, descartes, rechazos, sensibilidades, hábitos, agrados, sintonías, rechazos,…Hablaron, y hablaron, y tú que conoces a Marino sabes que se duerme cuando algo no le interesa, así que a las doce 30 comenzó a bostezar sin disimulos, provocando con amable naturalidad que cerrasen la conversación para dirigirse al hotel  Ozoe, la de ellos, la habitación 645.

 

18 de febrero.

Eran las tres de la madrugada y 36 minutos, y en el Aburu café de la calle Vallespín sonando “The black eyed peas” con “The time” y a pesar de todos los pesares , y por encima de todo, teníamos ganas de fiesta, de mucha fiesta, de divertirnos y de escupirnos estupideces para alegrarnos la noche del viernes. Sonaba “I gotta feeling” y sin hablar coincidíamos vinculándonos para celebrar un momento de vida intensa. Estábamos a medio camino entre la ermita de San Segundo y la de San Esteban, en esta madrugada de febrero, ya día 18,  y nos sobraban las palabras porque nos construíamos con los roces formateando la felicidad, fugaz, pero real. Ni Marino ni yo queríamos irnos a dormir para no desperdiciar los minutos que consumíamos. Tampoco Maya, tampoco Marian, tampoco Olivia, tampoco Marina y Amador, ni los otros. Sonando el “I  took a pill in Ibiza” de Mike Posner perdimos grupalmente por completo las composturas que nos quedaban, y las vergüenzas.  Marino no, el mismo que gritó” ¡Casandra!, frenando mis impulsos que ignoraban que no estábamos solos para juguetear tales excesos. Y en estas ocupaciones se hizo de día en Ávila y terminamos en casa de Marian, nuestra anfitriona, después del chocolate y los churros en el Alameda de la plaza del Rollo. Ya eran las diez, algunos nos pusimos a jugar a la Wii, otros entretenidos con “Juego de tronos”, y la casa sin barrer, la ropa sin planchar, y el Santo sin vestir. Y entre tanta dispersión de entretenimientos, despreocupados los unos de los otros, Marino y yo nos escapamos a descansar a nuestro dormitorio ocasional. No dormíamos mientras  sonaba el“This Is What You Came For” de Calvin Harris y Rihanna, porque ocurrió lo inevitable que no puedo detallarte. 

 

La frase del cuento.

Me levanté raro el día de San Valentín, sabiendo que no recibiría la frase que leí en mi cuento de princesas y príncipes. Lo sabía, pero estuve expectante todo el día, queriendo encontrarme con la sorpresa de recibirla, este año tampoco pudo ser. Me levanté y miré al móvil, nada. Salí de la ducha, tampoco. Leyendo el periódico en el Loian de la calle portales, la esperé de Alejandra la camarera, y tampoco. No estaba bajo la alfombrilla del ratón junto al ordenador del trabajo, ni me golpeó el corazón desde alguna de las direcciones de correo electrónico. Era un día raro que acompañé entretenido con las  canciones de Joe Crepúculo, Vetusta Morla y Love of Lesbian. Era el día de San Valentín y esperando. Salí a comer por la calle Laurel sin tu compañía, fantaseando con un avión del cielo arrojando sobre Logroño tarjetas de cartulina naranjas, inofensivas,  impresas con la frase que yo fantasee en el cuento de príncipes y princesas. Y callejee. Cruce los puentes sobre el Ebro, y no saltó ninguno de esos peces de los cuentos infantiles con mi frase entre sus labios. En el Espolón no me esperaba ninguna fiesta sorpresa y musicada con mis canciones bajo un rótulo de colores, romántico, muy romántico, con mi frase del reino de castillos, bosques, praderas y lagos. En Gran Vía no fui asaltado por ninguna hermosa  dama entregándome una caja de bombones envueltos con la frase mágica. No soy de flores. Volví al trabajo, academia de ingles, dos cervezas con mi amigo José Pablo y regrese a casa. Después de cenar escuché “La deriva” de Vetusta, mientras leía mi frase en el cuento…”Te amo porque eres alegría, sinceridad, complicidad, ternura, serenidad, sorpresas y encantamientos. Te amo porque eres intimidad total y auténtica”.