Carlos y San Bruno.

san-brunoQuizás por vivir en la plaza San Bruno de Gamonal  se me ha pegado algo del santo aquel, del fundador de los cartujos. Austeridad. Pobreza. Nada de lujos. Vida monástica. Bueno. Sin pasarnos. Sin tener en cuenta las horas en viajes y excursiones. Tampoco soy católico. Ni eremita. Ni creo que la utilidad de mi vida dependa de mi grado de unión a Dios. Ni soy de vida contemplativa. Si me atrae la cartuja de Miraflores desde siempre. Y si soy más de vida sencilla, sin estridencias. Más como Martí y menos como Alberto. Esto viene a cuento del plan que me ha propuesto Rosa esta tarde mientras nos tomábamos el primer café de la tarde en el Cliché. “Carlos ¿Invertimos en un negocio de hostelería de mi primo Tomás?”  ¡Muerto me he quedao! Y blanco. Creo que no he reaccionado hasta el segundo café en La pesetilla. En tres años de relación jamás hablamos de algo así. Ya nos cuesta gestionar las sentimentales y las sociales, como para dedicarnos a ser agentes de inversión. ¡Y poniendo toda su energía en convencerme! Me ha dibujado el plan de negocio mientras en el hilo musical sonaba Mi teatro de Daní Martin. ¿Habitamos universos paralelos? Yo, cartujo.

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